Un emprendedor relata su experiencia comercializando ropa de moda mediante ventas directas en bares y peñas locales. Utilizaba su coche familiar para transportar las cajas y un carrito adquirido en Leroy Merlin, recorriendo las calles incluso con temperaturas superiores a los treinta grados.
El mayor desafío era enfrentar los rechazos constantes durante jornadas de ocho o nueve horas. Según explica, la clave para continuar era la confianza en su producto, ya que sabía que si a un cliente no le gustaba, a otro sí podría interesarle.
La aceptación en otros establecimientos compensaba las negativas y le motivaba a insistir. Esta mentalidad le permitía levantarse cada día dispuesto a probar nuevas puertas.